Aprendiendo del manejo de la caña para aprovechar el clima

Por : Karina Feijóo, Comunicadora del Convenio MADR-CIAT (*)

Foto por Neil Palmer

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Los resultados preliminares del Convenio MADR-CIAT permiten contar con pronósticos climáticos detallados a 4 meses. El estudio de datos históricos ha permitido reconocer qué variables del clima influyen positivamente en los diferentes momentos del crecimiento de las plantas estudiadas. Validar nuevos materiales en campo bajo las distintas condiciones climáticas ha permitido identificar fortalezas y debilidades en las variedades según las condiciones climáticas. Combinando todos estos elementos se logra llegar a una agricultura inteligente donde el clima no maneja al agricultor, sino que él se adapta al clima.

Según el cultivo en estudio se han generado unas recomendaciones de adaptación como: cambiar las fechas de siembra, intentar una nueva variedad, tener preparado un buen sistema de riego o de drenaje, e incluso cambiar el cultivo rotatorio.

Actualmente, la caña es el cultivo modelo de cómo se puede implementar el manejo específico por sitio, teniendo en cuenta la información climática a la hora de tomar decisiones como: qué variedad sembrar, cuándo sembrarla y qué manejo le damos a nuestro cultivo. Por esto, se considera un caso de éxito frente a los demás sectores agrícolas pues la industria cañera ha tenido  resultados significativos en el aumento de producción gracias al aprovechamiento del clima. Pero aún hay mucho por hacer.

El sector cañero puede ser apoyado con pronósticos agroclimáticos para los siguientes 4 a 6 meses, información que debe ser incluida en las recomendaciones y procesos de asistencia técnica y trasferencia tecnológica. Conociendo previamente que es lo que probablemente acontecerá con el clima, el sector puede estar preparado para hacer un mejor manejo del cultivo, una planeación a mediano plazo en cuanto al uso de agua para riego y así incrementar aún más su productividad.

Optimizando los recursos

Foto por Neil Palmer

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Con prácticas más limpias se pueden producir alimentos con menos huella hídrica y menos huella de carbono. A nivel mundial, la actividad agrícola usa alrededor del 70% de toda el agua consumida en el planeta y se calcula que en los próximos años el uso del agua aumente hasta en un 55% gracias al incremento de la población y sus demandas.

En el Convenio MADR-CIAT se cuantifica el indicador de huella hídrica en tres cultivos de vital importancia para la seguridad alimentaria del país: arroz, papa y maíz. La huella hídrica permite caracterizar la cantidad de agua usada en un sistema productivo en sus diferentes fases e identificar los riesgos potenciales. Es útil para tomar mejores decisiones sobre cómo manejar el recurso hídrico y gestionar procesos productivos más eficientes y sostenibles estableciendo políticas y acciones concretas para ahorrar agua en el sector que mayor requerimiento de este recurso tiene.

También se adelanta el estudio de la estimación de huella de carbono por todo el país. En los cultivos de aguacate, mango, cítricos, palma de aceite, cacao y sistemas silvopastoriles. A nivel mundial, las emisiones provenientes de la agricultura (cultivos y ganadería) casi se han duplicado entre 1961 y 2011. En Colombia el sector agropecuario contribuye con el 38.1% en las emisiones totales del país, cuyo aporte a las emisiones globales es del 0.37%.

Oportunidades a futuro

Foto por Neil Palmer-CIAT.

Foto por Neil Palmer-CIAT.

En la caña se identifican muchas oportunidades de encontrar sistemas de producción bajos en carbono como la producción orgánica, que se maneja en el Valle del Cauca, con prácticas de manejo del suelo que aumentan el carbono orgánico del mismo y disminuyen los requerimientos de nitrógeno, lo que resulta beneficioso como medida de mitigación para las emisiones significativas de gases de efecto invernadero. La transición hacia una producción baja en carbono con emisiones reducidas será la única forma de manejar el cambio climático, mientras el clima después de varias décadas se vuelva a estabilizar. La caña de azúcar puede afrontar esta transición sin implicación de costos extra.

Por donde lo veamos es una situación ‘gana-gana’, los ingresos aumentan por la reducción de costos de insumo y se abren nuevas oportunidades de mercado para la caña de azúcar baja en carbono que le hace un bien al medio ambiente.

La respuesta a tiempo al cambio climático puede convertir una amenaza en una oportunidad para que la economía colombiana sea más fuerte y menos volátil. El desarrollo del país puede tomar un rumbo resistente al clima, donde la planificación tenga en cuenta el cambio climático, donde todos los sectores aprovechen la información climática para adaptarse, y donde la industria genere innovaciones que permiten un desarrollo limpio, no sólo para Colombia sino a nivel mundial. Se requiere de un compromiso institucional, pero también personal. No esperemos más para tomar las acciones necesarias.

(*) Este texto está basado en el artículo “Cambio climático en Colombia, de la amenaza a la oportunidad” por Andy Jarvis, experto en cambio climático del CIAT.