Uso racional del agua como estrategia de sostenibilidad productiva

Por: María Alejandra Laguado, practicante de comunicaciones (CIAT)

Buga es uno de los sitios experimentales de validación de variedades, medición de huella hídrica y de huella de carbono en maíz.

Buga es uno de los sitios experimentales de validación de variedades, medición de huella hídrica y de huella de carbono en maíz.

Un par de manos raídas toman las hojas secas de un maizal que ya casi está listo para la cosecha. Mientras se adentra en los campos, Lisimberg Nieva habla sobre la transformación de la que ha sido testigo en el último año, gracias a un proyecto emprendido por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT)

“Antes, nosotros echábamos agua por echar. Cuando íbamos a regar una parcela dejábamos correr el agua por casi cinco horas. Se gastaba tanta agua que algunas veces a las 3 de la tarde ya no había de la que almacenamos en el lago”, cuenta el productor.

Desde hace siete años, Lisimberg cuida y vive en una finca productora de maíz ubicada en Buga, Valle del Cauca. Según él, la costumbre de regar las parcelas ha tenido una transformación que cuida el medio ambiente. “Ahora ya no nos demoramos tanto. Regamos una parcela en una hora y media y nos sobra agua. Este nuevo sistema es muy bueno porque mide el uso que le damos y nos ayuda a ahorrarla”, afirma.

El proyecto ‘Cuantificación de la Huella Hídrica en los Sistemas Productivos de maíz, arroz y papa’ cuenta con el apoyo de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales (Fenalce), la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz) y la Fundación para el desarrollo sostenible y territorial (Fundesot). Está enmarcado en el convenio que adelanta el CIAT con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR) denominado ‘Clima y Sector Agropecuario Colombiano: Adaptación para la Sostenibilidad Productiva’, el cual busca fortalecer la capacidad de adaptación del sector agropecuario a la variabilidad y al cambio climático y mejorar la eficiencia del uso de los recursos en sistemas productivos como fríjol, yuca, palma, frutales y sistemas silvopastoriles, además de los ya mencionados.

El lisímetro de pesada mide la cantidad de agua utilizada por la planta y el suelo.

El lisímetro de pesada mide la cantidad de agua utilizada por la planta y el suelo.

Un contador de agua de riego, una estación climática que registra las condiciones del lugar, sensores de humedad del suelo y un lisímetro de pesada -que mide la cantidad de agua utilizada por la planta y el suelo- son algunos de los instrumentos para cuantificar la Huella Hídrica, indicador de impacto de la eficiencia en el uso del agua de forma directa e indirecta en un sistema agrícola.

Miguel Romero, Magister en Fisiología de Cultivos e investigador del grupo de Servicios Ecosistémicos del CIAT, coincide con Lisimberg cuándo hablan del aporte al cuidado del medio ambiente que tiene este proyecto y añade que conociendo este indicador es más fácil generar conciencia de dónde y cómo se utiliza el recurso hídrico. Adicionalmente permite conocer los riegos potenciales a los cuales se enfrenta un sistema productivo y tomar mejores decisiones sobre el uso del agua. Asunto de interés primordial en la agenda ambiental del país, ya que cada vez este recurso es más escaso debido a su alto índice de consumo en la agricultura con un 61 %, seguido por el sector doméstico, con un 29 % y el industrial, con un 9 %.

Según un informe de la Contraloría Delegada para el Medio Ambiente, a pesar de las lluvias y la abundancia de fuentes hídricas en regiones como el Chocó, la Orinoquía y la Amazonía, el país puede llegar a enfrentar situaciones adversas a tal punto que en el 2015 cerca del 66% de los colombianos estaría en riesgo de un desabastecimiento en tiempos secos.

Lisimberg Nieva cuida y vive en una finca productora de maíz ubicada en Buga, Valle del Cauca.

Lisimberg Nieva cuida y vive en una finca productora de maíz ubicada en Buga, Valle del Cauca.

Una vez dentro en los campos, Lisimberg se acerca a una planta y de entre sus hojas toma una mazorca. Mientras la examina relata que “cuando regábamos los campos con mucha agua, las zanjas se llenaban y se perdían muchas semillas, se pudrían. Ahora todas las semillas están reventando”.

La investigación se desarrolla en tres ciclos productivos y aunque apenas culminó el segundo ciclo, el impacto generado en las parcelas como las que trabaja Lisimberg se proyecta para hacer de Colombia un país más más sostenible y competitivo en la producción agrícola.

Un caso particular, según Miguel Romero, es la sobreestimación de la huella hídrica del país en el contexto internacional. “La organización Water Foot Print, a partir mapas de suelos y áreas irrigadas y de estadísticas de producción y bases de datos climáticas de la FAO, estima que para producir una tonelada de maíz se necesitan más dos mil quinientas toneladas de agua. Sin embargo, después de haber realizado la medición directamente, encontramos que los valores pueden ser cercanos a las mil quinientas toneladas de agua por tonelada de maíz producida”, explica el investigador.

“Esta investigación abre bastantes posibilidades para el uso racional del agua, además la información final y las herramientas permitirán que un cultivo se enfrente fácilmente a un escenario de cambio climatico” afirma Carlos Molina, Director del Departamento Técnico de Fenalce.

Los resultados y algunas recomendaciones de sostenibilidad ambiental producto de este convenio se darán a conocer a finales del 2014.